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La Ruta de la Seda - Colin Falconer

viernes, 18 de octubre de 2013

En ''La Ruta de la seda'' el templario Josseran y el fraile Guillermo, se embarcan en un largo viaje con la misión de forjar una alianza con el Kan de Kanes de los tártaros para la guerra contra el Islam.

Se trata de una novela plagada de datos históricos curiosos e interesantes, sobretodo se conoce a los tártaros, su cultura y sus costumbres. Aunque también aporta información sobre los sarracenos, los chinos y los cristianos.

Al conocer al fraile Guillermo, al ver su obstinación y su testarudez, la certeza de tener la verdad absoluta y ser incapaz de reconocer ningún error en su manera de actuar, puede llegar a entenderse cómo ha sido posible que a lo largo de la historia se hayan cometido tantos crímenes y atrocidades en nombre de Dios.

Josseran y Guillermo viven el viaje de una forma muy diferente.
Josseran se sorprende ante los descubrimientos que hace de los tártaros, reconoce en ellos virtudes y se intenta adaptar a ellos en la medida de lo posible. El viaje pone a prueba la fe del templario, llegando a quebrar algunas de sus creencias.
Descubre que los tártaros, considerados bárbaros por los cristianos, a pesar de su crueldad en el campo de batalla respetan todas las religiones. Las gentes que viven en su territorio son libres de adorar al Dios que quieran.
Guillermo es incapaz de reconocer nada bueno en ellos y todo lo que acepta es que viven en pecado y hay que cristianizarlos, a pesar de que el viaje también logra debilitar sus principios y termina por cometer un acto terrible con unas consecuencias aún más terribles.

La novela mezcla la aventura con el romance. Se distinguen a dos protagonistas femeninas, que son parecidas a la vez que diferentes. Jutelún, una princesa tártara que supera en destreza y valor a todos sus hermanos y Miao-yen, también una princesa tártara que se ha visto obligada por su padre a vivir cómo una princesa china.

Jutelún y Josseran viven una hermosa y extraña historia de amor. A pesar de no tener prácticamente ningún momento que pueda considerarse romántico, toda su historia está envuelta por una ternura sorprendente.
Ella es una guerrera feroz, por eso no es la típica muchacha que necesita protección y que se presta a momentos dulces y empalagosos. Con ella todo es instintivo y salvaje.

Miao-yen es en apariencia lo opuesto a Jutelún. Una princesa con unos diminutos pies de lirio incapaz de montar a caballo (algo imprescindible para los tártaros, aprenden a montar al mismo tiempo que andar) y de luchar. Toda su vida la pasa en el palacio, rodeada de sus sirvientas y con lujo. A pesar de ello, su corazón arde en deseos de cabalgar por las estepas y ser una auténtica princesa tártara. Inteligente y delicada, es un personaje por el que es imposible no sentir cariño y pena.

El final de la novela no deja buen sabor de boca. El hecho de que una de las dos tramas principales termine bien no consigue endulzar el atroz y terrible final de la otra.
Pero la verdad es que no había mejor forma de terminar, fue una época muy bárbara y salvaje y el final así lo demuestra.

Muy recomendable.

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